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Entrevista con Jesús Arcas

ENTREVISTA CON JESÚS ARCAS
Por Emma Bouisset (18 de Marzo de 2005) 


“Cada persona es una empresa y tiene que aprender a gestionarse y a evitar cosas que entorpecen su propio rendimiento profesional”

Sin prisas pero sin pausa. Midiendo sus palabras y reflexionando cada línea. Clarificando conceptos y mostrándonos el camino. Así habla Jesús Arcas, psicólogo y consultor para el desarrollo y el cambio y colaborador del CENTRE DE LA VEU. Hoy, hemos querido charlar con él para descubrir otra línea de trabajo de la comunicación, la de la correcta gestión de la vida profesional. Un aspecto que, aunque parezca mentira, tiene su influencia y sus incidencias en el trabajo que con la voz se realiza desde el CENTRE DE LA VEU.

Jesús Arcas

Para comenzar, ¿por qué un psicólogo colaborando con el CENTRE DE LA VEU?
Cuando nació EL CENTRE DE LA VEU se planteó ofrecer un servicio integral a las personas que pudieran acudir al centro ya que Eduardo, como fundador y motor del proceso, tiene muy claro que hay que tratar la voz desde el punto de vista más holístico posible, es decir, acercándose desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, desde la técnica vocal o la técnica corporal y también analizando aspectos psicológicos que puedan ayudar a optimizar el uso de la voz. Éste es el origen de mi colaboración.

¿Y cómo se inscribe su trabajo en el CENTRE DE LA VEU?
En general, las colaboraciones que hacemos siempre son en paralelo. Es decir, trabajamos simultáneamente con un alumno. Eduardo, lo hace desde el punto de vista de técnica vocal, de expresión y de uso de los recursos lingüísticos generales, y yo desde el punto de vista del uso, digamos, de la mente y de la gestión de las emociones. Porque cuando estamos hablando de temas complejos, dificultades o retos de comunicación con el uso de la voz, generalmente, detrás hay algún tipo de patrón mental que está dificultando que ese flujo de comunicación sea el más adecuado. Es decir, suele existir un bloqueo, un miedo, un freno, una inseguridad que puede ser, en algunos casos, el elemento que, una vez trabajado, hace que la voz mejore muchísimo más. Dicho de alguna forma (y pongo un ejemplo), Eduardo estuvo trabajando durante un tiempo con una cantante y llegaron a un punto en el que el progreso era difícil. Eduardo evaluó que podría haber alguna situación de bloqueo, dificultad o una inseguridad. En consecuencia, nos comunicamos y yo realicé unas sesiones con la cantante, desbloqueamos unos aspectos psicológicos y conseguimos que la voz mejorara. ¿Por qué? Porque estamos trabajando también en el ámbito de la seguridad de una persona que se pone ante un público. Por lo tanto, nos enfrentamos a su problemática o a sus necesidades desde todos los puntos de vista.

¿Considera que todos los cantantes, actores, etc. que acuden al CENTRE DE LA VEU, deberían trabajar este “otro” aspecto relacionado con su voz? ¿O, en definitiva, deberíamos hacerlo todos (y no sólo los que nos dedicamos a la comunicación)?
De hecho, el CENTRE DE LA VEU no sólo tiene como clientes a cantantes, actores, sino que también figuran entre sus alumnos directivos de empresa con los que también trabajamos Eduardo y yo en colaboración de cara a optimizar la gestión de equipos, la comunicación a nivel profundo entre equipos de trabajo, etc. Pero, reconduciendo la pregunta, el apoyo que yo presto al CENTRE DE LA VEU no es un apoyo desde la psicología tradicional puesto que yo no soy un psicólogo clínico sino que soy un psicólogo del trabajo y de las organizaciones.

¿Qué diferencias hay entre estas dos especialidades?
El psicólogo clínico es aquel que ha desarrollado sus estudios centrados en terapias psicológicas frente a patologías en el ámbito más extenso de las personas y de su relación con ellas mismas y con su mundo. Y un psicólogo del trabajo y de las organizaciones ha basado su desarrollo, trabajo e investigación en lo que es la influencia de los aspectos psicológicos en las funciones profesionales. Por lo tanto, cuando yo hablo con un cantante que tiene dificultades para desarrollar su profesión, yo gestiono el ámbito psicológico dentro de su profesión. Es decir, no entro en el ámbito personal (aunque las fronteras son muy difíciles de delimitar). Pero el foco no es hacer una terapia psicológica sino ayudar a las personas a utilizar herramientas de gestión personal eficaces delante de situaciones profesionales.

Es decir que, en cierto modo, les está enseñando a ser gerentes de su vida profesional.
Exacto. Cada persona es una empresa y tiene que aprender a gestionarse, a venderse, a conocerse, a mejorarse, a organizarse, a evitar cosas que entorpecen su propio rendimiento profesional… Ahí es donde entro yo. Éste sería el foco: tratar a la persona como un profesional que necesita desarrollar herramientas profesionales para gestionarse a sí mismo como empresa, como emprendedor, como persona que tiene que llevar adelante su propia proyección profesional. Es responsable de sí misma, de su entorno y de sus relaciones. Ahí es donde trabajo yo.


Jesús Arcas dando sus consejos a uno de los alumnos del Centre de la Veu

Esto demuestra que en las formaciones que se dan a cantantes, actores, directivos, etc, existen lagunas de cara a la óptima gestión de su futura profesión…
Totalmente. De hecho, actualmente, en los ámbitos profesionales de la gestión y de las escuelas de negocios así como en ámbitos de la pedagogía, se están planteando nuevas formas y nuevas necesidades de formación. Y una de ellas es precisamente ésta. Ayudar a las personas profesionales a que puedan gestionar a sí mismas con la máxima eficacia. Porque todo lo que son herramientas externas, que ya las tenemos todos, si no las integramos y gestionamos desde dentro, desde nosotros, tendrá una efectividad determinada. La idea es: técnica más gestión personal de esa técnica y de uno mismo da un resultado que incrementa positivamente muchísimo.

¿Estaríamos hablando, pues, en cierto modo, de cuidar/desarrollar nuestra “inteligencia emocional”?
Sí, de hecho, la inteligencia emocional es una teoría que pone nombre a cosas que siempre se han trabajado y que van en la línea de establecer una formación alternativa y distinta a la tradicional. La inteligencia emocional tiene en cuenta ámbitos de uno mismo que es necesario gestionar adecuadamente para tener éxito en las relaciones externas, con otros. En ese sentido, sí que muchos trabajos de los que podemos realizar tienen relación con esa gestión de las emociones, de las habilidades propias de relación, con la capacidad de ser empático, de ser consciente de tí mismo y de tus potencialidades y limitaciones hasta llegar a ver qué es lo que te está haciendo bloquear, qué patrones de pensamiento has desarrollado a lo largo de tu vida profesional que te están provocando frenos en tu desarrollo.

¿Entonces, su trabajo funciona un poco como un espejo que muestra a cada persona cómo es para poder optimizar, después, su vida profesional?
En cierto modo. Resumido en dos palabras, diría que se trata de “aumentar la autoconciencia de las personas para aumentar su autonomía”. Ayudar a las personas a que se vean a sí mismas para que sean capaces de ser autónomas y gestionarse a sí mismas.

Sin dependencias.
En ningún caso lo pretendo. En absoluto. De hecho las relaciones profesionales que mantenemos son de un máximo de 12 sesiones. La idea es dar ese leve empujón a esa persona para que pueda gestionar su desarrollo profesional de la mejor manera.

¿Y cómo funcionan sus sesiones de trabajo?
Como base general utilizo la técnica del Método Grow. Se trata de comenzar definiendo objetivos: qué está pasando, cómo te encuentras tú, cuál es tu situación, qué crees que está pasando… Y hay un vertido de ideas. La persona, en un primer momento habla, expresa. Posteriormente, hay un diálogo y a partir de aquí lo que hacemos es clarificar (intento ayudarla funcionando como espejo del que hablábamos) para centrar el problema dónde parece estar. Y entonces planteamos un objetivo: hacer un cambio de esa situación con un tiempo determinado. Y, a partir de ahí, empezamos a trabajar sobre qué opciones, qué soluciones se pueden llevar a la situación profesional para hacer esos cambios. Lo que es importante es que todo el trabajo y todas las decisiones surjan de la misma persona que acude en busca de apoyo, aunque, por supuesto, yo aporto información, sobre todo conceptual.

Para terminar y poner su granito de arena… cuál sería su consejo de cara para los que nos están leyendo.
Diría tres cosas. Primero, respecto a los cambios, nunca un cambio radical sin una buena planificación. Los saltos en el vacío están muy bien para jugar pero no para desarrollarse profesionalmente a no ser que sea estrictamente necesario por cuestión de vida o muerte psicológica. Pero hay estrategias para cambiar.
Otro tema que plantearía sería la inhibición delante de cualquier reacción automática que podemos tener en un momento determinado de nuestra realidad profesional. Es decir, no dejarnos llevar por el “Ay, no lo puedo hacer, lo he intentado 20 veces y no me sale” o “qué mal me siento y no podré salir de ésta”. Detener estos pensamientos que nos quitan la energía y centrarse en algo que Eduardo trabaja muy bien que es la respiración. Vuelve a respirar, toma autocontrol sobre tí mismo y no dejes que tu pensamiento arrastre a tu emoción y con ello a tu acción.
Y en último lugar, hay que recuperar la actitud y el espíritu de que somos aprendices. No tenemos todos los conocimientos, todas las habilidades, no hemos vivido todas las situaciones en nuestra vida profesional. Cada día estamos aprendiendo cosas y uno ha de aceptar que para evolucionar tiene que arriesgar y tiene que hacer cosas que a lo mejor no le salen como espera. Pero si conjuga una actitud de aprendiz con una actitud complementaria de responsabilidad de “qué he aprendido y qué no volveré a hacer de ninguna de las maneras o qué si haré a partir de ahora para mejorar esta situación” llegamos a lo que se llama un aprendizaje continuo.
Y como cierre total: reflexiona, asume cambios y vuelve a actuar.

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